El buque ganadero Spiridon II, que transportaba aproximadamente 3.000 cabezas de ganado bovino procedentes de Uruguay, finalmente atracó y descargó su carga en el puerto de Bengasi, Libia, alrededor del 21 de noviembre. La información fue confirmada por Fernando Fernández, de la empresa exportadora uruguaya Ganosan SAS, quien señaló que «todos los animales ya fueron descargados» y se encuentran «con su nuevo dueño en Libia». Este desenlace pone fin a un viaje marcado por la controversia, que incluyó un mes de varada en Turquía tras el rechazo del importador original.
Confirmación y traslado
La presencia del buque en Bengasi fue corroborada mediante testimonios presenciales y fotografías satelitales, que mostraron camiones de transporte ganadero operando en el puerto entre el 21 y el 23 de noviembre. Posteriormente, el Spiridon II zarpó con rumbo a Alejandría, Egipto, el 24 de noviembre. Una imagen satelital tomada tras su partida reveló la ausencia de los sacos blancos que se presumía contenían restos de animales muertos, y observadores reportaron la falta de olores característicos de estiércol o decomposición en el área portuaria.
Interrogantes persistentes y contexto del sector
A pesar de las evidencias del desembarco, reportes internacionales destacan que aún no existe una confirmación oficial sobre el número exacto de animales descargados en Libia o si quedó algún remanente a bordo antes de que el buque partiese hacia Egipto. Este episodio vuelve a poner bajo la lupa el comercio de ganado en pie, una práctica relevante para la ganadería uruguaya. Para países exportadores como Uruguay, Brasil y Australia, esta modalidad representa un negocio lucrativo, ya que suele ser más rentable vender el animal vivo a mercados específicos que exportar la carne faenada.
Impacto y reflexión para el productor uruguayo
El caso del Spiridon II trasciende lo anecdótico y plantea una reflexión estratégica para el sector ganadero nacional. Por un lado, reafirma la demanda internacional por el ganado uruguayo, capaz de sortear barreras logísticas y encontrar mercados alternativos. Por otro, expone los riesgos operativos y reputacionales inherentes a la exportación de animales vivos a larga distancia. Los productores deben sopesar la rentabilidad potencial contra la vulnerabilidad de las remesas a imprevistos sanitarios, logísticos o políticos en ruta. Además, el escrutinio de organizaciones animalistas internacionales, que denuncian el sufrimiento y los riesgos de estos viajes marítimos prolongados, añade una presión extra que podría influir en futuras regulaciones o preferencias de compra.
El episodio subraya la necesidad de contar con protocolos sólidos, canales de comunicación transparentes y, potencialmente, diversificar las formas de exportación para mitigar riesgos. La capacidad de la cadena ganadera uruguaya para absorber y aprender de estos eventos complejos será clave para mantener su posición en un mercado global cada vez más exigente.
Fuente original: www.clarin.com (publicado el 24 de noviembre de 2025)

